La guayabera, (cont.)

Internacionalización

CUANDO nuestros valientes mambises dieron sus famosas cargas de machete algunos usando la guayabera, fue que se hizo muy popular entre todos los cubanos amantes de la libertad, a esto contribuyó las décimas del Cucalambé. Con el fin de la guerra y la intervención norteamericana en la isla, los veteranos como el general Calixto García, siguieron usándola con orgullo.

Explica muy claro José Pardo Llada en su Diccionario de Nostalgias Cubanas “Yo me acuerdo”, sobre la nueva modalidad de esta prenda de vestir cubana: «Ahora venden guayaberas de colores, hasta rojas y verdes, y adornadas con dibujos espantosos. Además le han cortado las mangas. Lo que llaman GUAYABANA, no es guayabera ni ‘la cabeza de un guanajo’ (...) La buena
guayabera debe ser de lino. Resulta una versión cómoda y ligera de la chaqueta militar de rayadillo que usaban los españoles en tiempos de la colonia. En Filipinas, el mismo uniforme español se convirtió en guayabera sin bolsillos y le adicionaron finos bordados (...) En Venezuela,
mantuvo su trazo militar en el LIQUI LIQUI de dril y cuello alto.»

Nos dice Juan Carlos Pérez en un interesante reportaje en El Nuevo Herald titulado «Y todo por una Guayabera» del 15 de agosto de 1993, que «aunque poco común en España, en una ocasión el escritor valenciano Vicente Blasco Ibañez (1867-1928) escribió en su obra ‘Crónicas de Viaje’. Gibraltar, Argel, Toledo: ‘En una marcha de seis horas bajamos la sierra a la línea férrea de
Bobadilla a Algeciras y tal como íbamos por el monte, con botas de campo y guayabera de dril, nos metimos en el tren.»

Rosendo Rosell nos asegura que las guayaberas con lacito comenzaron a usarse en las Academias de Baile de La Habana (Tomo I de Vida y Milagro de la Farándula en Cuba): «... eliminando el saco para aliviar el calor.Fue un adelanto hacia el aire acondicionado, que vendría
después. Pero, mientras tanto, la guayabera con lacito penetró hasta en el Palacio Presidencial...».

Hubo fábricas de Guayaberas en las calles San Rafael y en la calle Obispo en La Habana, según nos contó mi admirado amigo Luis Cruz Ramírez, en La Voz Libre, de California, para él la fábrica de guayaberas más finas se estableció en su inolvidable pueblo de Ciego de Avila: «llevaba el nombre de ‘Guayaberas Fesar’». (Todas eliminadas con el castrismo).

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María Argelia Vizcaíno

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