Historia
Conflicto entre José Marti y Enrique Collazo-Introducción
CARTA DEL COMANDANTE
ENRIQUE COLLAZO A JOSÉ MARTÍ
Habana, 24 de enero de 1892
Sr. D. José Martí.
En la emigración
Muy señor mío:
Tengo a la vista su carta fechada en N. York el 13 del corriente.
Le produjo pesar mi infortunada carta del 6: lo siento. Sin su discurso
pronunciado en Tampa no la hubiera escrito y firmado. No me culpe. Suya es
la culpa.
Dice Ud.: “Que si es noble decir la verdad, lo noble es decirla toda”,
pues lo noble es lo hecho en A pie y descalzo.
Quería Ud. se relataran sólo victorias y proezas. Para no faltar
a la verdad es preciso contar lo favorable y lo adverso. Lo primero alienta,
lo segundo fortifica y prepara para los días tristes.
El relato es fiel y exacto así lo certificamos, los que vivimos hoy aquí y estuvimos en el momento de peligro; ¿quién de nosotros no tuvo días iguales? Aquí aplaudimos y alentamos su publicación. A ninguno se le ocurrió lo que a Ud., o al menos, a nadie le oí cosa semejante: está escrito para ser leído por hombres; para servir de experiencia, para que a la hora del sacrificio vayan con pleno conocimiento y con ánimo fuerte, para evitar arrepentimientos, para hacer ver que no basta el valor para arrostrar la muerte es preciso además una abnegación sin límites; en la guerra de Cuba lo de menos era el peligro de morir, era preciso fuerza de voluntad y patriotismo para sufrir el hambre, la sed, el cansancio y el andar descalzo y desnudo. Para decir eso se escribió A pie y descalzo.
Los que aquí aplaudimos su publicación y la alentamos; y los
que hoy nos unimos al autor somos la gente impura a que Ud. alude. Enhorabuena,
Sr. Martí. No me pesa.
Me dirigí a Ud. porque nos ataca en nuestra vida y en nuestra honra
y firmamos varios para darle fuerza y vehemencia a la protesta de tan injusto
ataque.
Copio: “Y no es que nos infunda temor por acá Como Ud. dice.”
Yo no dije tal cosa, Sr. Martí, hablé en singular, lo dije por
Ud.; -que claro lo expresa en su discurso y dije lo contrario “que Ud.
calumniaba a la emigración suponiendo que ese relato pudiera enfriar
su decisión y entereza”.
Cita en sus cartas tres períodos de discursos hechos en distintas épocas; de uno de ellos copio: “Y todo el que sirvió es sagrado, lleva un sello en los ojos que ni su misma ignominia lo pudiera borrar luego.” Quien hizo unos, ¿cómo pudo hacer el otro? ¿Cómo olvida tan pronto el sello y la consagración que tan generosamente nos regala?
Quien está dispuesto a borrar con su sangre los errores cubanos, ¿cómo
tan ligeramente los forja y pone de manifiesto? A quien tanto le duele el
juicio ajeno, ¿cómo juzga a los demás?
El que en su discurso en Tampa, elogia la emigración presente; tiene
para los hombres de color “un yo los amo”; el que no olvida sus
benefactores penínsulares y se declara defensor de los españoles
liberales -el que para todos tuvo flores- ¿por qué nos dedicó
a nosotros sólo espinas?
Con estos antecedentes, ¿cómo extraña Ud. mi carta?
Toma empeño en particularizar el ataque y supone que el libro está
hecho para servir al Gobierno español. La razón única
es ser empleado el autor y en eso funda su criterio y lo excomulga.
Pues siguiendo su ejemplo voy a juzgar a Ud. haciendo una hipótesis. No es ese mi criterio, pero servirá para probar lo fácil que es hacer falsos juicios.
Yo puedo suponer que Ud. se mueve porque conviene hoy al Gobierno español sostener la agitación en el exterior y apoyado en eso no rebajar el presupuesto de guerra, o bien que estando próximas las elecciones en los Estados Unidos el hombre que cuente con los votos de los cubanos de Florida es un buen agente y eso allí vale.
Si lo juzgara a Ud. en cualquiera de esos dos casos, ¿qué diría
Ud.? Si yo me equivoco. ¿Por qué Ud. no?
Me pregunta que juicio formo de los que no fueron a la guerra. Los que por
falta o exceso de edad o por estar cargados de familia no fueron- no puedo
culparlos. Pero a los que como Ud. tuvieron edad y ardor patriótico
que aún conserva; a los que pudieron venir tan pronto se hizo la paz,
a los que crearon familia en el intervalo de tiempo de la guerra; a esos sí
los culpo. Con el que nada dice callo. Pero con Ud. que injustamente nos ataca
en la prensa y en la tribuna tengo que decirle la verdad clara y desnuda;
si amarga, lo siento.
Predica Ud. la unión y la concordia -y a nosotros nos llama “gente impura que está a paga del Gobierno español”. Más tarde: “cuando los héroes abandonados por la guía incapaz de las emigraciones, tuvieron tiempo para gangrenarse, de manera que a alguno le ha llegado la gangrena al corazón”. Y hablando de la emigración, dice Ud. luego: “Y aquella de miedos y melindres, de formas y reservas, de corbatín y puño de oro, de los que en algunos instantes parecieron más deseosos de entregar la patria al extranjero que de auxiliar su independencia”.
Después de leído esto -quisiera que me dijera, Sr. Martí- para Ud., ¿quiénes fueron los buenos?
Nada quiere decir de sí mismo. Es lógico. Más como me pregunta qué he hecho en estos doce años se me ocurre contestarle, descansar de los diez que duró la guerra. Más prefiero decirle, si Ud. no habla de sí mismo, ¿cómo quiere lo haga yo de mí? Sin embargo, pregunte al general Máximo Gómez y a algunos de los emigrados que aquí venían a menudo.
En cuanto a cuestión de dinero acepte esta rectificación tan clara y explícita como la estime necesaria. Si de mi escrito se desprende algo -estas líneas lo anulan. Quise decir que las recogidas hechas siempre se han perdido infructuosamente, siempre ha habido quien las malgaste- no pensé decir que fuera Ud.
Tocante a las protestas de Key West; no les doy valor alguno, sé lo
que valen. Juntas y reuniones análogas han acriminado a uno de los
hombres más honrados que peleó por Cuba, a su mejor soldado,
al General Máximo Gómez. Ni entonces me impresionaron ni hoy
tampoco.
Dice Ud. que ha levantado del polvo la bandera de la Revolución. Siento
que la levanten tan lejos y ojalá la vea flamear aquí entre
el humo de la pólvora.
Con respecto a saludarnos cuando nos veamos- crea que yo juzgo que es Ud.
el que calumnió y con prioridad. Ir allá para tener el gusto
de verlo puede creer que me sería agradable, siento que mi falta de
recursos y mi sobra de trabajo no me lo permita por ahora, pero quién
sabe si algún día nos encontramos y tendrá gusto en ponerse
a sus órdenes, su compatriota.
E. Collazo.
1. Discurso pronunciado por José Martí en Tampa, el 26 de noviembre de 1891.
2. Carta del Comandante Enrique Collazo a José Martí, desde La Habana, el 6 de enero de 1892.
3. Carta del CLUB MARTIR DE SAN LORENZO a José Martí, desde Cayo Hueso, el 10 de enero de 1892.
4. Carta de José Martí a Enrique Collazo, desde Nueva York, el 12 de enero de 1892.
5. Carta del Coronel Manuel Sanguily a José Martí, desde La Habana, el 21 de enero de 1892.
6. Carta del Comandante Enrique Collazo a José Martí, desde La Habana, el 24 de enero de 1892.
7. Carta de José Martí a Fernando Figueredo, desde Nueva York, el 9 de febrero de 1892.
8. Carta de José
Martí al General Enrique Collazo desde New York, 8 de mayo de 1894.
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