Muerte de José Martí
La muerte de José Martí, (cont.)
Máximo Gómez está furioso. Grita: “¡Martí, a mi lado. Martí a mi lado! El General lo ve avanzar, acompañado de un niño que jamás ha peleado. ¡Cómo detenerlo?: Martí... Martí... de pronto suena una descarga y en el cuerpo del Apóstol ya no hay vida”. Santovenia y Shelton (Cuba y su historia, p. 122-23,Vol.2): “Martí corrió a participar en el combate, sin oir las indicaciones en contrario de Gómez. A poco Martí cayó de su caballo. A caballo, cara al sol, peleando por su patria, como él lo había querido”. El cara al sol debe entenderse, al parecer, simbólicamente, ya que era un día gris y lluvioso...
Jorge Mañach (Martí, el Apóstol, p. 279-80): “Martí, a quien las marchas continuadas han irritado su vieja dolencia, produciéndole un infarto inguinal (hernia, aclaración) que le impide moverse y aun armarse, ha quedado en el campamento”. Este impedimento físico de Martí lo sintió, según este relato, el día 18; sin embargo, al día siguiente, está montado “en su jaca mora”, y arenga a la tropa a punto de partir en busca del coronel Ximénez Sandoval. Luego añade: “Ordena a Martí que se mantenga con Masó a retaguardia, mientras Borrero y él avanzan... iniciado con violencia el fuego, Martí pide un revólver a uno de los ayudantes de Masó... Angel de la Guardia, y le convida... a seguir adelante. ¿Arrebato épico? ¿Inexperiencia? ¿Codicia de su hora? Solos (nótese este adjetivo) se lanzan contra la humarada... Al llegar cerca de un denso matojal... los recibe una descarga cerrada etc., etc. El 18 está Martí postrado, pero el 19 va a todo galope a combatir... Por otro lado se supone que Martí desde el desembarco en Playitas estuviera armado. La carabina que portaba fue sustituida por un revólver para encajarlo en una imagen de héroe cargando a todo galope con esa arma en la mano derecha. Martí, en el periódico bonarense La Nación había escrito el 18 de agosto de 1888: “El valor crece a caballo. En el caballo hay gloria. Oh, Dios, morir sin haber cargado sobre los tiranos con una buena carga de caballería”. Martí no logró realizar el 19 de mayo ese sueño glorioso porque después de vadear el río Contramaestre seguido bastante cerca por Angel de la Guardia Bello, suben por un barranco, y van a parar frente a la línea de fuego de la infantería situada detrás de una cerca de púas... al ver aquel jinete vestido llamativamente sobre un caballo bayo y un poco detrás un jovencito, disparan fácilmente sobre ellos. Cinco fueron los tiros que mataron al Apóstol: una bala le entró por el pecho, otra en el cuello y tres en las extremidades inferiores, según un folleto, De cara al sol, del Dr. Jorge A. Castroverde y Cabrera. El Dr. Pablo A. Valencia, que examinó el cadáver después de exhumado, el 23 de mayo, el cuerpo presentaba: “una herida de bala penetrante, en el pecho... otra herida de bala en el cuello... y otra herida, igualmente de bala, en el tercio inferior del muslo derecho...” ¡Hasta en esto de las heridas hay discrepancias!
Argumenta Daniel Román, en su libro citado, que Martí se suicidó en Dos Ríos. El suicidio, dice, “comenzó el día 5 de mayo pues la depresión le fue deteriorando su estado de ánimo. ...Al amanecer el 19 de mayo, Martí tenía ya tomada la decisión de desaparecer, de morir...”. Luego asevera: “negar su suicidio es una pretensión caprichosa y falsa, destinada a hacer morir peleando heroicamente para fabricarle una gloria que encaje en planes de endosamiento, lo que es un buen argumento para una novela, pero no para un libro de historia”.
Su muerte en una forma u otra, creemos por nuestra parte, en nada le redujo o dañó su obra ni su grandeza de alma y pensamiento; pero si debe incitar a conocer con más exactitud lo que verdaderamente ocurrió en ese episodio del comienzo de la guerra emancipadora cubana.
©1998 Hilda Luisa Díaz-Perera
