Muerte de José Martí

La muerte de José Martí

Un Recuento-Otra versión

El 5 de abril de 1895 el vapor carguero alemán, “Nordstrand”, hace escala en Inagua, la más pequeña de las dos Inaguas pertenecientes a las islas Bahamas. Allí están Martí, Máximo Gómez, Angel Guerra, Francisco Borrero, César Salas y Marcos del Rosario. Martí convence, o más bien compra, al capitán del buque para que los acerque lo más posible a una playa del litoral cubano. Para poder salir de Inagua, donde están ocultos, había que cumplir con un requisito aduanero. El problema lo soluciona un hombre providencial, Monsieur Barber, haitiano, Cónsul de su país en esa isla dormida: los hizo haitianos de naturalización y les dio nombres falsos franceses. Durante la noche del 10 de abril salen hacia Inagua la Grande, sólo a 95 km. distante de las costas de Cuba. Amanecen en esa isla el día 11. Por la noche, a tres millas de la costa, en un bote de remos los deja a su suerte el “Nordstrand”. Ninguno sabía nada de las cosas del mar. Llovía y el oleaje era fuerte; la oscuridad, absoluta. La suerte, repentinamente, cambia: el temporal se calma y los marineros de ocasión varan su pequeña nave en una playa entre Guantánamo y Maisí. A dos km. estaba el caserío de Cajobabo, a donde se dirigen abriéndose camino a golpes de machete. Los acoge su morador, el campesino Leyva. Martí anotó en su diario: “Yo no olvidaré nunca... el encuentro con esta gente, a este fogón y a este café.

Treinta nueve días de recorrido desde La Playita de Cajobabo hasta Boca de Dos Ríos: 25 campamentos levantados en 38 días, desde el 11 de abril al 19 de mayo. Guillermo de Zéndegui Ambito de Martí, página 211) dice que fueron 392 km. rendidos a pie; Daniel Román (“Los seis grandes errores de Martí”, página 149) asegura que fueron 375 km. “de los cuales 162 los había recorrido a pie hasta Arroyo Hondo, donde se les reunió el general José Maceo con sus tropes”. Salen hacia el oeste de Oriente buscando el campamento Malabé. En este lugar donde Maceo le obsequia a Martí el caballo “Baconao”, el de Dos Ríos, nos dice Daniel Román (página 144), que sobrevivió la guerra y al proclamarse la República “el gobierno otorgó una pensión de treinta pesos mensuales para su manuntención, en recuerdo de su ilustre jinete”.

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