Muerte de José Martí
La muerte de José Martí, (cont.)
Martí había quedado en el campamento guardado por un teniente y doce hombres. Sintiéndose humillado en ese estado de pasividad frente al peligro por orden de Gómez, esfumándose así la primera oportunidad de pelear por Cuba con las armas en la mano, se montó en su caballo “Baconao”, regalo de José Maceo, y salió del campamento acompañado del joven Miguel Angel de la Guardia Bello (en la toma de las Tunas, en 1897, bajo el mando de Calixto García, fue muerto a los 23 años de edad siendo ya coronel, por méritos de guerra, del Ejército Libertador) y se lanzó a buscar a Gómez. Vadeó el río Contramaestre, y al llegar a la cima de un barranco vino a parar frente a la línea de fuego de la infantería colonial, parapetada detrás de la cerca de alambre de púas. Al verlo seguido sólo de un jovencito, fue fácil blanco de la fusilería enemiga. Era un día lluvioso. Su sueño de morir combatiendo cara al sol se lo negó la naturaleza. Fue, sin duda, un día negro para el poeta de la rosa blanca.
Se ha dicho que “Baconao” se desbocó y se lanzó hacia los españoles, lo que desmiente nada menos que su amigo íntimo Fermín Valdés Domínguez: en primer lugar, dice, Martí era un experimentado jinete desde su niñez allá en “Hanábana donde había aprendido con los campesinos del lugar a domar inclusive a su propio caballo”; durante su estadía en Guatemala recorrió “grandes distancias a caballo por entre llanos, montañas, selvas y pantanos”. Además de eso, casi la mitad del camino desde La Playita de Cajobabo, donde desembarcó el 11 de abril, hasta Boca de Dos Ríos, unos 375 kilómetros, lo hizo a caballo. “Baconao” era “una buena y mansa jaca briosa, sigue diciendo Valdés Domínguez, acostumbrada a escuchar tiros de fusilería (fue capturada en Arroyo Hondo por José Maceo) y a entrar a formar parte de los combates”. El caballo del joven acompañante de Martí fue herido, y el de Martí, al caer él mortalmente, regresó al campamento mambí. Valdés Domínguez niega, pues, que “Baconao” se desbocara. Según Daniel Román, Martí “cabalgó deliberadamente hacia las tropas enemigas... para hacerse matar de cara al sol como él mismo lo había vaticinado”. Su citado amigo y hermano del alma, dice Román, “dejó escrito que José Martí se suicidó en Boca de Dos Ríos”. Para la historiología hiperbólica y rosada cubana, ese acto muy posible del Apóstol viene a ser como una apostosía del credo oficial patriótico. Y por eso para la mayoría de los historiadores criollos es un tabú el mencionar, estudiar a fondo y exponerlo a serio debate tan delicado asunto tan ligado a las relaciones tensas y crudas entre el poeta libertador y los dos generales de a caballo, Gómez y Maceo, antes y después de entrar en la manigua, aparte de algunas apariencias en contrario. Sin embargo, en los últimos años han estado apareciendo revisiones y estudios históricos independientes del patronazgo oficial tradicional en Cuba, bastante objetivos y libres de retórica literaria y fraseología romántica y sentimental. Martí dijo que la verdad es para decirla y no para ocultarla.
©1998 Hilda Luisa Díaz-Perera
