Artículo

Luisa Pérez y La Avellaneda por José Martí, (cont.)

Ha de preguntarse, a más, no solamente cuál es entre las dos la mejor poetisa, sino cuál de ellas es la mejor poetisa americana. Y en esto, nos parece que no ha de haber vacilación.

No hay mujer en Gertrudis Gómez de Avellaneda: todo anunciaba en ella un ánimo potente y varonil; era su cuerpo alto y robusto, como su poesía ruda y enérgica; no tuvieron las ternuras miradas para sus ojos, llenos siempre de extraño fulgor y de dominio: era algo así como una nube amenazante. Luisa Pérez es algo como nube de nácar y azul en tarde serena y bonancible. Sus dolores son lágrimas; los de la Avellaneda son fierezas. Más: la Avellaneda no sintió el dolor humano: era más alta y más potente que él; su pesar era una roca; el de Luisa Pérez, una flor. Violeta casta, nelumbio quejumbroso, pasiomaria triste.

¿A quién escogerías por tu poetisa oh apasionada y cariñosa naturaleza americana?

Una hace temer; otra hace llorar.

De la Avellaneda han brotado estos versos, soberbiamente graves:

Voz pavorosa en el funeral lamento,
Desde los mares de mi patria vuela
A las playas de Iberia: tristemente
En son confuso lo dilata el viento:
El dulce canto en mi garganta hiela,
Y sombras de dolor viste a mi mente.

Y cuando alguien quiso pintar a Luisa Pérez ornada de atributos de gloria y de poesía, aquella lira de diecisiete años tuvo estos acordes suaves y modestos:

No me pintes mas blanca ni más bella;
Píntame como soy; trigueña, joven,
Modesta, sin belleza, y si te place,
Puedes vestirme, pero solamente
De muselina blanca, que es el traje
Que a la tranquila sencillez del alma
Y a la escasez de la fortuna mía
Armoniza más bien. Píntame en torno
Un horizonte azul, un lago terso,
Un sol poniente cuyos rayos tibios
Acaricien mi frente sosegada.
Los años se hundirán con rauda prisa,
Y cuando ya esté muerta y olvidada
A la sombra de un árbol silencioso,
Siempre leyendo encontrarás a Luisa.

Lo plácido y lo altivo: alma de hombre y alma de mujer; rosa erguida y nelumbio quejumbroso; ¡delicadísimo nelumbio!

Revista Universal, 28 de agosto de 1875.

1 2 >

Inicio de Sección

Share on Facebook

Otros cubanos ilustres:
Ignacio Agramonte
José María T. Aguirre y Valdés
Nicolás Azcárate y Escobedo Antonio Bachiller y Morales Enrique Collazo
Bernabé de Varona Borrero
Julián del Casal
José María Heredia
José María Izaguirre
José F. Martí Zayas-Bazán Rafael María Mendive y Daumy
Manuel Mercado
Luisa Pérez y Montes de Oca
Néstor Ponce de León
Henry Reeve
Ramón Roa y Gari
José Ignacio Rodríguez
Julio Sanguily y Garritte
Carlos Sauvalle Blain
Enrique Trujillo y Cárdenas
Fermín Valdés Domínguez

Carmen Zayas-Bazán

Preguntas Frecuentes
Libro de Visitas
Boletín de Noticias
Tienda en Línea