Infancia de José Martí
La casa natal de José Martí, (cont.)
La constitución del patronato no resolvió el problema. Aquella reunión del 23 de junio de 1924 fue la única que se efectuó, y en ella no se tomó otro acuerdo que la creación del museo y el nombramiento de su Director Técnico. La negligencia oficial continuó su trillado camino respecto de la Casa Natal. El propio Carricarte comenzó a hacer las gestiones alrededor del doctor Alfredo Zayas Alfonso, entonces presidente de la República, antiguo condiscípulo suyo desde la primera enseñanza hasta el final del bachillerato, con quien mantenía una buena amistad personal; pero sólo consiguió oficialmente algunos muebles de oficina, usados, remitidos por el Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, doctor González Manet, y la irrisoria cantidad de doscientos pesos; cien donados por el doctor González Manet y los otros cien del propio Presidente. Sin embargo, vino a salvar la situación el gobernador de La Habana, ex coronel de la Guerra de Independencia y gran admirador de Martí, doctor Alberto Barreras, quien hizo entrega al Director del futuro museo, su íntimo amigo, de la cantidad de dos mil pesos; pero no a título de gobernador, sino como particular y con la expresa condición de que no se revelara el nombre del donante. Es justo anotar que Carricarte jamás dio a conocer este secreto, cumpliendo cabalmente su palabra. Otras personas conocedoras del hecho lo hicieron público a la muerte del doctor Barreras, cuya propia familia también ignoraba la donación.
Existe la versión testimonial –aun no comprobada porque se sustrajeron, y seguramente fueron destruidos, todos los documentos sobre la Casa Natal que celosamente guardaba Carricarte en un pequeño archivo en el propio Museo, entre 1952 y 1956- de que cierto número de estudiantes universitarios, sobre todo dirigentes de la recién constituida Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) y obreros-estudiantes de la Universidad Popular José Martí, ofrecieron su valioso concurso para recaudar fondos entre el pueblo, incluso no pocos de ellos dieron su aporte de trabajo voluntario para la definitiva reparación del inmueble y el montaje del Museo. Es probable que existiera alguna documentación al respecto entre los papeles dejados por Carricarte y que desaparecieron también después de su muerte en 1948.[7]
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©1998 Hilda Luisa Díaz-Perera
