Infancia de José Martí

La casa natal de José Martí, (cont.)

El escritor y periodista Arturo R. de Carricarte, miembro de la antigua Asociación y, posteriormente, del Comité Ejecutivo, fue uno de los primeros cubanos que se dieron de lleno a la tarea del cuidado y la difusión de todo lo relacionado con nuestro José Martí. Fue él precisamente quien hizo la gestión ante el alcalde habanero, Marcelino Díaz de Villegas, y el Jefe Local de Sanidad, doctor José Antonio López del Valle, para conseguir una orden de desalojo de los que usufructuaban, sin derecho alguno, la Casa Natal, así como denunciar el estado ruinoso en que se encontraba el inmueble, para vergüenza de los gobernantes que hasta dicho momento había tenido aquella desdichada República. Acerca de esta secular[4] desidia oficial, el propio Carricarte nos diría en 1934: “es imposible hallar disparidad más radical entre los sentimientos, los procedimientos y los caracteres mismos de nuestros cinco presidentes: Estrada Palma, José Miguel Gómez, Menocal, Zayas y Machado. Entre ellos sólo ha habido un exclusivo punto de contacto: el más completo alejamiento de las pautas que nos legó [Martí] en sus escritos y discursos.[5]

El 12 de mayo de 1921 pudo ser rescatada definitivamente la Casa Natal de nuestro Héroe Nacional para su verdadero propietario: el pueblo cubano, tras las innumerables gestiones que Carricarte hizo. Más de un año estuvo la casa en completo abandono. El 5 de octubre de 1922 se presentó Arturo R. de Carricarte ante el Notario de La Habana, doctor Emeterio Santovenia y Echaide, quien a la vez era el presidente de la Academia de la Historia, para que diera fe de una inspección que se llevaría a cabo en el habitáculo[6] por el ingeniero y arquitecto Emilio Vasconcelos y Fraide, quien señalaría las reparaciones imprescindibles para salvar el valioso e histórico inmueble. Díaz de Villegas concurrió a la mencionada inspección. Fue el primer político de alguna significación que visitó la Casa Natal desde 1902 y que, indiscutiblemente, tuvo algún interés por dicho lugar. El Acta levantada por el notario al respecto recoge que “el aspecto del inmueble revela, con efecto, un estado de completo abandono, y sus paredes, techos, escaleras y puertas muestran un deterioro extraordinario”; y especifica a continuación cuáles eran las reparaciones que debían ejecutarse de inmediato. En esta ocasión se rompió la habitual desidia ofical y algo se hizo. Díaz de Villegas llevó a vías de hecho todo lo que buenamente pudo, prácticamente solo, sin ninguna ayuda del Gobierno. Ordenó una reparación del inmueble que si bien no contempló todos los aspectos señalados en el documento, al menos sirvió para salvar la casa de una completa destrucción.

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José Martí, colegial, 1862

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