Impresión de José Martí
Por Rubén Darío
Era
la hora ya de aparecer ante el público, y me dijo que yo debía
acompañarle en la mesa directiva; y cuando me di cuenta, después
de una rápida presentación a algunas personas, me encontré
con ellas y con Martí en un estrado, frente al numeroso público
que me saludaba con un aplauso simpático. Y yo pensaba en lo que diría
el gobierno colombiano, de su cónsul general sentado en público,
¡en una mesa directiva de revolucionarios antiespañoles! Martí
tenía esa noche que defenderse. Había sido acusado, no tengo
presente ya si de negligencia, o de precipitación, en no sé
cuál movimiento de invasión a Cuba. Es el caso, que el núcleo
de la colonia le era en aquellos momentos contrario; más aquel orador
sorprendente tenía recursos estraordinarios, y aprovechando mi presencia,
simpática para los cubanos que conocían al poeta, hizo de mí
una presentación ornada de las mejores galas de su estilo. Los aplausos
vinieron entusiásticos, y él aprovechó el instante para
sincerarse y defenderse de las sabidas acusaciones, y como pronunció
en aquella ocasión uno de los más hermosos discursos de su vida,
el éxito fue completo y aquel auditorio antes hostil, le aclamó
vibrante y prolongadamente.
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©1998 Hilda Luisa Díaz-Perera