Físico de José Martí

Cómo era Martí, (cont.)

Inquieto y nervioso, Martí era de rápido andar. En Nueva York, subía las escaleras de su oficina en Front Street y las de los ferrocarriles elevados casi corriendo. Sin duda, la mejor descripción general de su persona y carácter es la que hiciera Enrique Collazo como sigue:

“Era pequeño de cuerpo, delgado; tenía en su ser encarnado el movimiento; grande y vario su talento, veía pronto y alcanzaba mucho su cerebro; fino por temperamento, luchador inteligente y tenaz que había viajado mucho, conocía el mundo y sus hombres; siendo excesivamente irascible y absolutista, dominaba siempre su carácter, convirtiéndose en un hombre amable, cariñoso, atento, dispuesto siempre a sufrir por los demás; apoyo del débil, maestro del ignorante, protector y padre cariñoso de los que sufrían; aristócrata por sus gustos, hábitos y costumbres, llevó su democracia hasta el límite. Era muy nervioso, un hombre ardilla; quería andar tan de prisa como su pensamiento, lo que no era posible. Subía y bajaba las escaleras, como quien no tiene pulmones. Vivía errante, sin casa, sin baúl y sin ropas; dormía en el hotel más cercano de donde le cogía la noche o el sueño; comía donde fuera mejor y más barato, ordenaba una comida admirablemente y sin embargo comía poco; días enteros se pasaba con vino Mariani; quería agradar a todos y tenía la manía de hacer conversaciones, así es que no le faltaban desengaños. Era un hombre de un gran corazón, que necesitaba un rincón donde querer y ser querido. Tratándole se le cobraba cariño a pesar de ser extraordinariamente absorbente.”

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José Martí, colegial, 1862

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