Físico de José Martí

Cómo era Martí, (cont.)

Sobre el color de los ojos de Martí siempre ha existido mucha confusión, creyéndose generalmente que fueron negros. Eran pardos, “glaucos”, según el pintor Federico Edelmann, color que tiene los tonos cambiantes de las olas, desde el oscuro hasta lo claro, en una sensación variable de pardo a verdemar. Y eran almendrados, algo achinados o árabes, más bien melancólicos y dulces, pero ralampagueantes o coléricos cuando acusaba desde la tribuna a la España colonial de sus desmanes en Cuba. Y en su mirada, después de su verbo, residía acaso el mayor magnetismo de Martí, porque era ella la que atraía enseguida a las personas hasta llegar casi a hechizarlas.

En el hablar suave, nunca estridente, persuasivo más que agresivo, en sus discursos revolucionarios, su palabra llegaba, sin embargo, a romper el aire como tajo de machete. Y es que a medida que hablaba su figura se agigantaba, parecía estar en “trance”, y entonces su voz, según personas que le oyeron, se volvía progresivamente más fuerte y vibrante. Iniciaba sus discursos con voz lenta, poco perceptible, aumentando en volumen hasta alcanzar un acento evangélico, rebosante de honda sinceridad. Era entonces cuando electrizaba al público.

Las manos de Martí, como de hombre magro, intelectual y artista, eran finas y afiladas. Manos, según los quirománticos, de hombre amante de todos los dogmas filosóficos que pregonan la justicia y la libertad, la dignidad y el decoro del hombre. Mano de místico, de mártir y de redentor.

1 2 3 4 5 6 7 8 >

Inicio de Sección

Bookmark and Share


José Martí, colegial, 1862

Te recomendamos visitar nuestra Tienda en Línea para revisar los libros dedicados a la vida de José Martí.

Preguntas Frecuentes
Libro de Visitas
Boletín de Noticias
Tienda en Línea