Juicios sobre José Martí

José Martí por Máximo Gómez[1]

Máximo Gómez

Estimado amigo[2]:

Quedo enterado del propósito que tienen ustedes de reunirse el día 19 de mayo, para tratar de algo relativo a la memoria imborrable del querido de todos nosotros, José Martí, muerto hace siete años defendiendo en los campos de batalla los derecho de su pueblo. Y han hecho muy bien en decirme ese propósito, pues usted sabe cuánto lo amaba yo también, y cual ninguno, sufrí el primero la profunda pena de verlo desaparecer en aquella hora funesta para la patria.

Yo no sé si podré tomar parte en esa reunión de amigos de Cuba y del glorioso muerto a la vez, y es por eso que le adelanto estas líneas de condolencia como un deber cumplido a la memoria del héroe caído en Boca de Dos Ríos.

Fue José Martí muy poco conocido de sus compatriotas, los cubanos, en el verdadero, esplendoroso apogeo de su gloria. La verdad sea dicha: yo no he conocido otro igual en más de treinta años que me encuentro al lado de los cubanos en su lucha por la independencia de la patria.

Martí fue cariñosamente admirado en la tribuna desde donde flageló siempre a la tiranía y se hizo amar del pueblo cuyos derechos defendía con tesón incansable.

Desde allí, al decir de muchos criollos y extraños, se hizo un hombre notable.

Supo buscar en el libro y en el periódico los mejores y más cariñosos factores poniéndolos al lado del obrero cubano en el taller del trabajo para que se instruyera, principalmente en el amor a las cosas de la patria, y se sintiera después bien hallado con la nueva sociedad que debía venir; creándose de ese modo la república por el pueblo y para el pueblo. Predicó la escuela, como la panacea que curará de todos nuestros males como consecuencia de una vida anterior de atraso crudísimo, de privilegios y oscurantismo.

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[1] Máximo Gómez (1836-1905). General en Jefe del Ejército Libertador cubano, nacido en Santo Domingo. Martí lo retrata con su pluma: “A caballo por el camino, con el maizal a un lado y las cañas a otro, apeándose en un recodo para componer con sus manos la cerca, entrándose por un casucho a dar de su pobreza a un infeliz, montado de un salto y arrancando veloz, como quien lleva clavado en el alma un par de espuelas, como quien no ve en el mundo vacío más que el combate y la redención, como quien no le conoce a la vida pasajera gusto mayor que el echar los hombres del envilecimiento de la dignidad, ya por la tierra de Santo Domingo, del lado de Montecristi, un jinete pensativo, caído en su bruto como en su silla natural, obedientes los músculos bajo la ropa holgada, el pañuelo al cuello, de corbata campesina, y de sombra del rostro trigueño el fieltro veterano.”

[2]Carta de Máximo Gómez a Francisco Ma. González.


José Martí. Obras Completas. Edición de Gonzalo de Quesada, 1900-1919, Vol. VII.
Revista Cubana Vol. XXIX, julio 1951-diciembre 1952, pp. 151-154.

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