Juicios sobre José Martí
José Martí porJuan Gualberto Gómez
Juan
Gualberto Gómez
Era Martí un hombre notable y de condiciones excepcionales y poco comunes, tenía alientos para concluir como loco o como héroe y terminó mejor que como él había soñado: como héroe y soldado, cayendo en medio del combate, en el fragor de la pelea y con el ruido que sirve de salva a los héroes y a los buenos. Su apoteosis la harán los cubanos más tarde, conservando su efigie y su memoria entre sus grandes hombres. Cuando todos desmayaban, Martí levantó de nuevo el pabellón; de un grupo de cubanos dispersos en la emigración, creó un pueblo entusiasta, y dio vida a la nueva revolución que debiera llevar a la práctica el general Máximo Gómez.
Era Martí pequeño de cuerpo delgado; tenía en su ser encarnado el movimiento; era vario y grande su talento, veía pronto y alcanzaba mucho su cerebro; fino por temperamento, luchador inteligente y tenaz que había viajado mucho, conocía el mundo y los hombres; siendo excesivamente irascible y absolutista, dominaba siempre su carácter, convirtiéndose en un hombre amable, cariñoso, atento, dispuesto siempre a sufrir por los demás, apoyo del débil, maestro del ignorante, protector y padre generoso de los que sufrían; aristócrata por sus gustos, hábitos y costumbres, llevó su democracia hasta el límite; dominaba su carácter de tal modo que sus sentimientos y sus hechos estaban muchas veces en contraposición; apóstol de la redención de la patria, logró su objeto.
El día 15 de noviembre de 1894 se embarcaba Collazo rumbo a New York para que, viendo a Gómez y a Martí, pintara a ambos la verdadera situación y adelantaran el momento de la revolución, que creían imposible retardar sin ser presos, a la vez que demostrarles la necesidad de remitir dinero a Cuba, donde podrían conseguir el armamento y municiones con mayor seguridad y prontitud, aunque a más costo.
Fragmentos de Cuba independiente, La Habana,
1900. Revista Cubana, ob. cit., pp. 422-429.
©1998 Hilda Luisa Díaz-Perera
