Amigos de José Martí

CÓMO NACIÓ NUESTRA AMISTAD por Fermín Valdés Domíguez

Dije que su primer discurso fue el que pronunció ante el Consejo de Guerra que nos juzgo; pero quiero recordar otro suyo en Madrid.

En la casa de un cubano entusiasta, el Sr. Carlos Sauvalle, nos reuníamos los cubanos, para hablar de la patria y tratar de honrarla auxiliando a los presidiarios de Ceuta, fundando periódicos y contestando en folletos, como el que Martí publicó –“La República Española ante la Revolución Cubana”- a los ataques de los hombres políticos españoles que con cinismo nos trataban, falseando la verdad y enseñando a los crédulos, que sólo veían en Cuba a la factoria necesaria.

Reuníanse allí los cubanos un 27 de Noviembre para conmemorar el asesinato infame. Martí acababa de operarse, y pálido y demacrado, me acompañaba con su amable sonrisa en los labios y en su frente sombra de tristeza honda.

A pesar de estar débil y enfermo, habló. Y fue su oración –patriótica y enérgica- tan hermosa y arrebatadora, que en aquella sala no había corazón que no se agitara de pena, ni ojos que no lloraran, ni labios que no se abrieran nerviosos para aclamarlo. Detrás de él, a espaldas de la improvisada tribuna, colgado en la pared a la altura de su cabeza, estaba un mapa de Cuba, y cuando Martí, al terminar evocó a la patria y le habló en nombre de los que allí lo escuchábamos con religiosa unción, al decir: “Cuba llora”… el mapa se desprendió de la pared y se quedó sobre su cabeza, como si quisiera convertirse en corona de laurel para su frente.

Martí era respetado en España –por sus folletos, sus escritos en periódicos, y sus discursos- como político, como letrado, como literato y como orador, y en las Universidades en donde estudió y sufrió sus exámenes, eran días solemnes –entre catedráticos y alumnos- aquéllos en los que el pobre cubano, proscripto y enfermo, iba a desarrollar una tesis de derecho o a disertar sobre algún arduo tema de letras o filosofía.

Era el jefe, entre los viejos de aquella emigración cubana de Madrid –el sabio Calixto Bernal- el autor de una obra notabilísima de derecho político titulada “La Vindicación”. No creía él en las promesas de España, ni pensaba en los beneficios de las libertades que pudieran alcanzarse por la autonomía, pero trataba con cariño a los que como Labra, José Ramón Betancourt, Gabriel Millet, Francisco Ramos, Lastres… eran más o menos españoles, a pesar de saber que en España, ni el íntegro Don Nicolás Salmerón, ni el sabio Don Francisco Pí y Margall, podían oponerse a lo que decía el famoso Castelar: “antes que republicano, antes que estadista… antes de todo, -siempre que de Cuba se trate- soy español”

El dominador, el amo, estaba siempre dispuesto a tratarnos como raza inferior, como pueblo esclavo y sin derechos.

Para combatir estas añejas teorías buscaba el noble viejo Bernal a Martí, y era hermoso verlos como dos camaradas, en centros políticos en donde se hacían respetar a pesar de que los llamaban los filibusteros.

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 >

Inicio de Sección

Preguntas Frecuentes
Libro de Visitas
Boletín de Noticias
Tienda en Línea