Martí: identidad lingüística, cont.
Por M SC Hidelisa Velázquez Pratts
Prof. Tit. Arcenio Velázquez Pratts
Sobre el español de América dijo Martí interesantes
y revolucionarias observaciones. Preocupado por la diversificación
de la lengua, se manifiesta por un modo de expresión que tiene una
“locución vivaz y accidentada”, pero que en algunas regiones
del Continente (Argentina, Perú, México) sufre deformaciones
que deben ser atendidas. No se trata de seguir una pauta castiza, pues pone
como ejemplo el buen castellano que se habla en Guatemala, o el de Colombia,
“cuyo sabor viene de sus irreverencias y desmoldes”. Concibe,
pues, como algo necesario y enriquecedor el sustrato indígena americano
y las huellas de otras lenguas modernas europeas que llegan a consagrarse
hasta en la literatura americana.
Venezuela resulta hoy especial para los cubanos por varios motivos. Martí
también los tuvo. Su estancia allí desde el 20 de enero de 1881
hasta el 27 de julio del propio año, le permitió conocer y vivir
el español hablado en la tierra bolivariana. Por ello pudo ofrecer
valoraciones como:
“A bien que en Venezuela es don nativo el arte y tradicional el habla buena […] y carreteros y mozas andan por Caracas, y pastores en luengas camisolas, que mueven el castellano que parecen graduados de academia” (O.C., 7: 248).
“Y dijo más, y muy justamente, el caballero Carrillo, el organizador
de la Biblioteca Bolívar en París, quien a la caliente lengua
venezolana une cierta autoridad de pensamiento, seguridad honrada y nervio,
que avaloran lo que escribe […] (Carta a Aldrey, 1881:267).
En un artículo publicado por Martí, hasta hace poco desconocido,
“El Castellano en América”, (La Nación, Montevideo,
1989), queda clara la postura martiana frente al ideal de lengua imperante
en el siglo XIX y al cultivo de la misma. Critica en él a los que juzgan
como cultos a los que saben latín, pero se estima la importancia del
cultivo de la lengua como búsqueda de perfección ante las muletillas,
préstamos indebidos y lugares comunes que nada añaden a la comunicación.
Sostiene que el castellano de España carece de belleza y sobriedad
y que corresponde a América el logro de un idioma mejor, conciso, musical,
que no cambie las palabras genuinas por otras espurias.
Si se hace un balance historiográfico de cuatro siglos de poder colonial, puede inferirse que aunque no existía una regulación lingüística de España hacia Cuba, actuante con el mismo peso de un sistema político aunque la aculturación indiscriminada no creara obstáculos a la castellanización del territorio caribeño, el proceso social de formación de la nacionalidad cubana se reflejó, lógicamente, en el
©1998 Hilda Luisa Díaz-Perera
