Martí: identidad lingüística, cont.
Por M SC Hidelisa Velázquez Pratts
Prof. Tit. Arcenio Velázquez Pratts
De igual forma, impugnó el carácter retardatario de la enseñanza en latín y se preguntó “¿por qué han de estudiar los castellanos en latín? Y supo ver en “los caballeros que saben griego y latín” a los burgueses que filosofaban sobre el bienestar de América. (Domínguez, 1988)
Consciente de la vitalidad de la lengua materna como el elemento político para la consolidación de una identidad, sostiene que el lenguaje es un producto del pueblo que lo engrandece y acuña y con él entran en el espíritu las ideas y costumbres del pueblo que las creó. Con una concepción liberadora, afirma en el artículo titulado “Emerson”: “El lenguaje es obra del hombre, y el hombre no ha de ser esclavo del lenguaje”, (“Emerson”, Páginas Escogidas, La Habana, Ciencias Sociales) Así vemos en Martí que se hacía servir de la lengua y no era siervo de ella.
De esta libertad que encuentra nuestro mayor hablista en el lenguaje, asegura don Miguel de Unamuno:”No hay en ellos [en sus versos] más frenos que el ritmo del endecasílabo". Sostiene Martí que “ahora muchos, que no odian a España, se creen excusados de estudiar el castellano, sin considerar que así deslustran sus talentos; y ocultan su negligencia unos, otros su ignorancia, con el inadecuado nombre de “escuela de Libertad”, como si la libertad se prestase a ser cómplice de todos los absurdos”, y añade para cerrar la idea: “Esto es el ateísmo a manera del de André Chenier, que era ´ateo con delicia´”.
Y su postura consecuente en cuanto a la necesidad de atemperar las actitudes para que no se rompa la tradición lingüística, salta a la vista cuando llama a los hombres cultos a intervenir como moderadores de las dos interferencias que representan las fuerzas contrarias que hacen avanzar o retroceder el lenguaje. Ambas fuerzas son buenas –añade- cuando de ellas resulta no el estancamiento ni la precipitación, sino el progreso regulado.
Significativo resulta el ejemplo de la Florida (en los Estados Unidos) “pueblo que tiene orgullo de hablar mal el inglés, y cuando quiere obsequiar a los presidentes que los visitan, manda a escribir una loa en castellano”.
©1998 Hilda Luisa Díaz-Perera
