Martí: identidad lingüística
Por M SC Hidelisa Velázquez Pratts
Prof. Tit. Arcenio Velázquez Pratts
Martí ofreció múltiples valoraciones sobre la lengua española. No solo fue un buen hablista y hacedor de ella; tampoco se contentó con utilizarla hecha, sino que la enriqueció a medida que desarrolló sus ideas, su pensamiento. Fue un pensador consciente del gran servicio que le prestaba la lengua en las diferentes situaciones o contextos. Con múltiples tipos de lengua trabajó: la literaria, la científica, la familiar, la común; incluso, teorizó sobre algunas de ellas.
Para abordar el tema propuesto: Martí, identidad lingüística, que responde al problema: ¿hay en Martí sentimientos de identidad lingüística? Se ha revisado una amplia bibliografía clasificada en: Literatura filológica, Literatura pedagógica y Literatura artística antes y en la época de Martí; por su amplitud solo se toman algunos ejemplos.
En literatura filológica, aunque sus autores no eran específicamente lingüistas, existen trabajos referidos a la lengua y constituyen las primeras valoraciones sobre el español de Cuba. En 1795 se publicaron: la Memoria sobre los defectos de pronunciación de nuestro idioma y medios de corregirlos, de Fray Pedro Espínola y la Memoria que promueve la edición de un Diccionario Provincial de la Isla de Cuba, de Fray José María Peñalver.
Hacía la segunda mitad de siglo XIX hay también una constatación de las diferencias lingüísticas de las que se nutrió el español de Cuba. Los trabajos de Antonio Bachiller y Morales, Juan Ignacio de Armas y Félix Ramos i Duarte adquieren un matiz historicista; van a los orígenes de nuestro idioma primitivo o a la documentación siempre exacta de las corrientes que convergen en el habla criolla de base española. Es importante destacar que un autor como Juan I. de Armas sobrepasa el marco de lo cubano para analizar el ámbito del español caribeño y con sorprendente madurez para la época en que vive, y atendiendo al pobre desarrollo de la filología en Cuba, tiene en cuenta la diferenciación del español como un proceso de la evolución inexorable en el que intervienen fuerzas “todavía ocultas, pero innegables”.
©1998 Hilda Luisa Díaz-Perera
