El Epistolario Martiano
Cartas a Doña Leonor, (cont.)
Por Hildelisa Velázquez Pratts y María Rodríguez Peña.
Son tres estrofas de decasílabos, con hemistiquios limitados por
un nítido ritmo interno. Termina agradeciendo su beso ardiente “que
de otra boca nunca es igual”. Su diálogo con la madre es constante.
En un retrato que le dedicó desde el presidio el 28 de agosto de 1870,
le pide:
Mírame, madre, y por tu amor no llores:
Si esclavo de mi edad y mis doctrinas,
Tu mártir corazón llené de espinas,
Piensa que nacen entre espinas flores.
El 30 de diciembre de 1871 le escribe el poema “¡Madre mía!”.
El mismo constituye una epístola. En las anteriores saluda con madre
del alma, madre. En este, con mi madre: imagina a la madre frente a él:
le llora, la conmueve, vierte su corazón en el de ella, trata de convencerla
de la utilidad del sacrificio y le pide en desesperación que lo ame:
¡Ámame, ámame siempre, madre mía!
Luego en cartas a amigos y en su poesía muchas veces encontramos que
la nombra o la alude. Vg. en su tan conocido “Yugo y estrella”,
que comienza: “Cuando nací, sin sol, mi madre dijo...”
Y no se olvide el poema XXVII de los Versos Sencillos. Este lo recomienda
a doña Leonor cuando en carta de enero de 1892 le sugiere: “Lea
este libro de versos: empiece a leerlo por la página 51, es pequeño
–es mi vida”. En la cuarta estrofa la describe a ella en un momento
importante de su vida (masacre ocurrida el 22 de enero de 1869):
No hay bala que no taladre
El portón: y la mujer
Que llama, me ha dado el ser
Me viene a buscar, mi madre.
Martí quedó tan impresionado por el arrojo de su progenitora
y la firmeza que demostró para defender la vida de su hijo que lleva
este hecho a sus Versos Sencillos. Ya lo había narrado en México
en la Revista Universal del modo siguiente:
[...] los horribles días de enero que llenaron de cadáveres
asesinados la calzada de Jesús del Monte y las calles de Jesús
María, y las que mi madre atravesó para buscarme, y pasando
a su lado las balas, y cayendo a su lado los muertos, la misma horrible noche
en que tantos hombres armados cayeron el día 22 sobre tantos hombres
indefensos! Era mi madre: fue a buscarme en medio de la gente herida, y las
calles cruzadas a balazos y sobre su cabeza misma clavadas las balas que disparaban
a una mujer, allí en el lugar aquel donde su inmenso amor pensó
encontrarme.(11)
Tal vez algunos piensan ahora en el conocido poema dramático
del Maestro; en él revela su decisión ante un conflicto que
pudiéramos calificar como desgarrador: la elección entre la
madre patria y la madre carnal, conflicto casi real, y tanto que si en el
95 doña Leonor hubiera estado con él en Montecristi, se habría
repetido. Para ver demostrado el grado de relación y cercanía
entre las madres opuestas en el sentimiento martiano, léanse estos
versos: ¡Cuántos tormentos! ... ¡Cuán terrible angustia
/ Mi madre llora... Nubia me reclama...
©1998 Hilda Luisa Díaz-Perera
