Apuntes sobre el diálogo poético-epistolar entre José Martí y su madre, Doña Leonor Pérez Cabrera

Por Jesús Rivera-Rosado

I-. Diálogo poético.
No sé lo que daría por pasar unos días a tu lado;
tú, el único ser de quien pende mi vida.

Charles Beaudelaire, en carta a la madre, 1861.

La poesía vino a ser para José Martí (1853-1895), joven y adulto, como la herramienta que canalizara su propia espiritualidad frente a la disyuntiva de vivir separado de sus seres queridos, en especial de su madre, Doña Leonor Pérez Cabrera (Santa Cruz de Tenerife, 1828 - La Habana, 1907), para dedicarse de lleno a la causa de “la madre mayor”. Todo ese universo íntimo, casi inconmensurable, que constituye el amor hacia la madre pura y ejemplar, Martí lo inmortalizó de manera magistral en su discurso poético, en ese ‘coto cerrado’ de su obra, como lo llamara el intelectual cubano Juan Marinello. Según los estudiosos de la obra literaria martiana, los primeros versos de Martí datan de 1868, dedicados a Doña Leonor en ocasión de celebrar ella sus 40 años. En plena adolescencia, Martí desplegó una intensa actividad política entre el estudiantado cubano: al día siguiente de los fatídicos sucesos del Teatro Villanueva, publica su poema dramático Abdala. Con apenas 15 años, Martí nos revela en esta obra su temperamento romántico, y esboza no solamente el argumento central de su destino o ‘la profecía de su vida’ —al decir de Marinello—, sino que además ubica en orden de prioridades afectivas cuál sería el escalón que ocuparía en éstas Doña Leonor:

Escena V - Espirta y Abdala

Abdala:

Perdona, ¡oh, madre! que de ti me aleje
para partir al campo. ¡Oh! Estas lágrimas,
testigos son de mi ansiedad terrible,
y el huracán ruge en mis entrañas.

(Espirta llora)

¡No llores tú, que mi dolor ¡oh madre!
estas ardientes lágrimas le bastan!
(...)

Espirta:

¿Y tanto amor a este rincón de tierra?
¿Acaso él te protegió en la infancia?
¿Acaso amante te llevó en su seno?
¿Acaso él fue quien engendró tu audacia?
¿Y tu fuerza? ¡Responde! ¿O fué tu madre?
¿Fué la Nubia?

Abdala:

¡El amor, madre, a la patria
no es el amor ridículo a la tierra,
ni a la yerba que pisan nuestras plantas;
es el odio invencible a quien la oprime,
es el rencor eterno a quien la ataca;

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