Rosario Rexach (1912-2003):
Pedagogía y literatura rumbo al tiempo cierto (cont.)
Ese ahondar en su identidad nacional y los fundamentos de su cultura no era nada nuevo en la obra de Rexach. El pensamiento de Varela y la formación de la conciencia nacional data de 1950, un enjundioso ensayo donde va identificando, con mirar a su alrededor histórico y cultural, elementos evidentemente entroncados en la obra del presbítero. Un poco más adelante, en 1954, publicaría El carácter de Martí y otros ensayos, uno de los trabajos individuales de más profundidad de los editados con motivo del Centenario del Apóstol. Lógica continuación y profundización de ese ir a la semilla, aun lejos del tronco, serían estas cuatro colecciones de ensayos publicadas en el exilio: Estudios sobre Martí (1985), Dos figuras cubanas y una sola actitud (1991), Estudios sobre Gertrudis Gómez de Avellaneda. (La reina mora del Camagüey) (1996) y Nuevos estudios sobre Martí (2002).
El primero, con prólogo de Gastón Baquero, reproduce en su primera parte el libro publicado en 1954 y que el gobierno castrista trató de hacer desaparecer, y reúne en la segunda nuevos ensayos sobre Martí escritos en el exilio. Median, entre una parte y otra, no sólo tres décadas, sino también la distancia entre el dolor referido y el pesar conocido, entre el homenaje optimista y la historia repetida. En la primera parte, la autora es un producto tangible del martianismo –aunque incompleto– de la primera República de Cuba. Escribió la segunda parte una seguidora de Martí en el exilio por la traición absoluta de ese ideario estudiado. Martí es el mismo e iguales las pupilas que lo escudriñan, sólo que en la segunda parte éstas están humedecidas. La niñez perdida de una sobrina nieta la hacen reflexionar en torno al Ismaelillo, escribe sobre Martí en Nueva York y en España porque ahora es ella quien vive desterrada, como el objeto de su estudio, en esos lugares. Así, estudia a Martí andando sobre sus huellas en la nieve neoyorquina, palpando en los muros antiguos de Madrid la superficie de los muros habaneros de su infancia y juventud. Como Martí casi un siglo antes, tiene que hacer también una gran decisión. Y no duda un instante: permanecer, sin componendas con el yugo, en el exilio. De paso sigue su vocación de maestra, incluso fuera de las aulas. De ahí que Gastón Baquero se admire por lo que define como “su experiencia en el arte de enseñar a pensar.”(8)
©1998 Hilda Luisa Díaz-Perera

