Para llegar al Ismaelillo, (cont.)
Parecería entonces evidente que en esa re-contextualización, Martí se da a sí mismo la equivalencia histórica de Ismael. La misión a la que consagró su vida nos lo devuelve con todos esos atributos: el hijo de la naturaleza, desterrado de su país, pura energía y fiereza para defender las aspiraciones de su patria, especie de francotirador que desde dentro mismo de las realidades de todos los países donde vivió, lanzó sus flechas temerarias. ¿Alguien dudará de su condición de fundador de la nacionalidad cubana, de paradigma para el pueblo por cuya libertad dio su tranquilidad, su espíritu y su vida?
Si Martí es entonces Ismael, no es extraño que el poemario dedicado a su hijo se llame Ismaelillo, porque se trata de su descendencia; y no ha de pensarse que el título se refiere solamente al hijo querido. El libro mismo, cargado de todas sus angustias y esperanzas en ese momento, vivencia hecha poesía, es también su descendencia, como lo será toda su obra histórica, literaria y humana.
Desde luego que Martí, poeta moderno al fin, no trató en modo alguno de fijar un contenido o una lectura para el título, para el libro, para la significación del hijo en su vida. No en balde llama al pequeñuelo de diferentes modos a lo largo del poemario, no ya solamente Ismaelillo: Jacob, mariposa, diablo-ángel, príncipe enano, caballero. Con ello, nos dejó abierta la posibilidad de leer, de múltiples modos, su pensamiento poético.
Consecuentemente con ello se pueden hacer, y se han hecho, otras lecturas, entre ellas, la de asumir como voluntad martiana, la equiparación simbólica del hombre futuro que sería su hijo Ismael, con toda la significación ya vista. Eso llevaría, a su vez, a lectura de Martí mismo como Abraham, fundador de fundadores, padre de Isaac de quien nacerá Jacob-Israel Como se ha afirmado anteriormente Martí, al utilizar un pensamiento simbólico, no fija ni estrecha sus relaciones, de modo que los nombres que da al hijo se multiplican, y las lecturas posibles enriquecen nuestra visión del poemario, sin atarnos a una sola línea de interpretación. Tan así es, que se pueden buscar otras equivalencias, atendiendo, no sólo a la propia sustancia poética del libro, sino también a las relaciones simbólicas que pudiera haber querido establecer Martí entre las alusiones bíblicas y su propia vida; relaciones como:
Sara – España
Agar – Cuba
La madre
©1998 Hilda Luisa Díaz-Perera
