Ismaelillo: naturaleza, poesía y lenguaje, (cont.)
Tampoco es la naturaleza estática, sino cambiante, vista en sus fases más diversas, en sus diversas manifestaciones. Así, el aire puede ser fresco o espeso en sinestésica adjetivación; el mar puede ser inquieto y joven pero también sombrío, hondo, ancho y revuelto, y las estrellas, negras o pálidas; las nubes, negras o rosadas, todo ello según los sentimientos expresados por el poeta en un camino de interiorización enunciada a través de la adjetivación, a menudo simbólica, porque cada uno de los adjetivos atiende no solamente a cualidades físicas visuales, que muchas veces son un punto de partida, sino a estados de sensibilidad que el poeta transfiere a sus criaturas. Ese mar sombrío es parte del mundo interior de Martí en sus turbulentos momentos de gestación del Ismaelillo ( Venezuela, 1981) el hijo y la esposa ausente, la tormenta que se avecina en sus relaciones con el gobierno de Guzmán Blanco y que destruirán no sólo su proyecto de la Revista Venezolana, sino también su esperanza de construir, al fin, el nido que le traiga a su José Francisco de apenas dos años); inquieta, tanto como debe haberlo estado el alma del poeta, esa imagen del mar revuelto, hondo, ancho, que persiguió a Martí, tal vez porque era el mar causante indirecto de su lejanía de la patria querida. “Odio el mar muerto enorme”, escribiría en uno de sus Versos Libres.
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©1998 Hilda Luisa Díaz-Perera
