Martí en el horizonte, (cont.)
Quien todo y nada fue, siempre anda envuelto en el misterio. Por esos rumbos andan los pasos de José Martí, un hombre de su tiempo y de todos los tiempos. Quien ni la muerte misma, que todo lo borra, pudo sepultarlo en el olvido, porque en la medida que los tiempos corren, su figura majestuosa y sencilla, se va ensanchando en el horizonte.
No hay fin en la naturaleza ni en la vida. La existencia corresponde a lo perpetuo. Martí se da cuenta muy pronto de esa verdad y se apodera de ella hasta llegar a definirla. Y la anuncia así, cuando nos dice: “Y el vivo que a vivir no tubo miedo/Se oye que un paso más sube a la sombra”. La sombra siempre va en representación de algo, ninguna va sola. La sombra no deja huella porque representa el otro estado de la materia, pero existe y no se puede negar su realidad. Martí va más allá, oye su paso. Ya no es sólo un hecho visible, es, además, audible.
Quiero, sin que medien escalas, entrar en el reino del poeta, con el ánimo cierto de ir midiendo, paso a paso, la anchura de sus huellas, sus destellos de luces, el eco de su voz y el coro de imágenes que le acompañan en sus soledades.
MARTÍ POETA.
La palabra poeta, para mí, como en los tiempos antiguos, va más allá del hacedor de versos. Yo lo veo como el ser total. Porque sólo quien es iluminado puede iluminar. Y la poesía de José Martí, es iluminación iluminada, que nos llena y nos asombra como cualquier otro acto de su pensamiento creador.
Fue, quizás, el más moderno de los modernistas, y es, sin dudas, el más creador de los creacionistas, aunque para entonces, no estaba en uso este último término. Pero las cosas no radican únicamente en las palabras que las asignan o nominan, sino en su esencia. Y antes que Huidobro y otros que más tarde acuñaron el término, “Creacionista”, ya Martí lo había hecho en discurso sobre “Nuestra América”. “Crear es la palabra de orden”. Señaló Martí. No dijo en qué, es cierto, pero creador y poeta él, bien puede pensarse que por ahí les fueran los instintos, y no hay por qué negárselo.
Gloso esta idea y, adrede, la dejo al desgaire. No de base, sino como cuña
para sostener la base, que en su momento, necesita la urgencia de otros en
el impulso hacia arriba.
©1998 Hilda Luisa Díaz-Perera
