El pensamiento transcendente... (cont.)

Por Rosa Lía De La Soledad

La alegoría del cuerpo como cárcel del alma, que se inicia en Platón y llega hasta Fray Luis, es aceptada por Martí, no como simple imitación literaria, sino como una vivencia propia”. “Percibe el alma atormentada, y como recluida en un cuerpo inerte.Y manifiesta de un modo autognósico: "El cuerpo cada día se me hunde, el alma, más libre cada día, es por instantes más enérgica y alta" Así es su dualismo de sustancias.” (84)

“Y sufriré en la sombra hasta que pueda
Mi acero en pleno sol dejar clavado.”(85)

Padecer, sufrir, es el deber de todo ser humano como hemos dicho antes; “...pero del poeta, es algo así como una obligación.”(86) Ya como psicólogo eticista, Martí va por otra parte, decribiendo las formas fenoménicas del afecto estudiado y dirá:

Sufrir es quizás gozar. Sufrir es morir para la torpe vida por nosotros creada, y nacer para la vida de lo bueno, única vida verdadera." Tal es su doctrina, y añade: "Tengo miedo de morir antes de haber sufrido bastante."(87)

Sobre lo mismo, reitera más tarde en sus versos:

Bueno es sufrir cuando en el lado izquierdo
Del seno roto arder se siente un cáncer,
Sobre la llaga ardiente, un perfumado
Lirio blanco y azul sus alas abre.(88)

El destierro político produce la diversificación en la estructura poética Martiana; el desarraigo anímico y geográfico constituye una poesía repleta de sufrimientos, de dolor, dentro de un proceso dual de vivencias retenidas en los límites de las imágenes plasmadas, místicas o visionarias, como las que se encuentran comprendidas en la obra de Blake o en la reminiscencia de una instuición o experiencia interna.

De estos niveles intangibles y sutiles, emerge la obra de José Martí, se produce, en otras palabras, el verso:

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