El pensamiento transcendente... (cont.)
Por Rosa Lía De La Soledad
“Martí cree en la existencia de un orden universal, para él, el universo comprendido en él, el mundo grande, el macrocosmos y el mundo del hombre, el microcosmos, lejos de ser en su naturaleza un caos, constituye un cosmos regido por leyes. Esas leyes que llegan de manera inspirativa, a guisa de consejos -sabios por demás-, y de donde el pensamiento, sin poderse retener acude presto. "El universo interior, donde está en breve todo lo exterior - y el exterior, donde está el interior magnificado" “Así la relación puede ser DIOS-HOMBRE, UNIVERSO-HOMBRE”.(61) (?)
... de las entrañas exploradas
del universo, surgirá radiante
con la luz y las gracias de la vida.(62)
Martí también está presente en el enjuiciamiento de la doctrina evolucionista salvando siempre el principio del espíritu, que no deja anegar en el reino de la materia. Y dice:
No ha de negarse nada que en el solemne mundo espiritual sea cierto, ni el noble enojo de vivir, que se alivia al cabo por el placer de dar de sí en la vida: ni el coloquio inefable con lo eterno, que deja en el espíritu fuerza solar y paz nocturna; ni la certidumbre real, puesto que da gozo real, de una vida posterior en que sean plenos los penetrantes deleites, que con la vislumbre de la verdad, o en la práctica de la virtud, hinchen el alma.(63)
Y añade:
¡Arpa soy, salterio soy,
donde vibra el Universo!
¡Vengo del Sol, y al Sol voy:
soy el amor, soy el verso!(64)
Y afirmaría más tarde, junto con Carlyle que "...quien tiene fe, no está nunca solo..."(65) y a los que están con él en la obra grande y creadora, les dice: "Los que no tienen fe en su tierra, son hombres de siete meses."(66) “Por ello predica la fe activa revolucionaria" (67) y hace descansar en la "...prudencia y decoro de nuestros países"(68) y con convicción añade que "...con esta fe vivimos".(69)
Y es que Martí cree firmemente en el renacimiento de todo. El renacer de la vida allende de la muerte tiene lugar en todos los seres del universo visible. Sin embargo, la eternidad emana de la resurrección del alma.
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©1998 Hilda Luisa Díaz-Perera
