Artículos de Arte
La figura de José Martí en la plástica
y la crítica de los años 80 y 90 en Cuba por Jorge Camacho,
Universidad de Carolina del Sur, Columbia, SC. . (cont.)
lo ubica en un ambiente
radicalmente distinto: el retrato hecho del natural por el artista Norman.
En el cuadro de Norman aparece una habitación de trabajo, llena de
libros y más bien modesta, donde la figura fundamental es la del héroe.
Martí escribe y mira fijamente al retratista. En el cuadro de Aimé
ese ambiente se transforma en uno de colores fuertes y vistosos mientras que
Martí adopta una posición casi retraída ante el problema
insoluble que le presenta la esfinge. En el mito de Edipo este problema es
el acertijo, al final del cual la bestia termina devorando a sus víctimas.
El pintor Gustave
Moreau fue quien hizo popular este mito entre los escritores de fin de siglo.
Su cuadro que todavía se exhibe en el museo de New York muestra la
esfinge, especie de león con rostro de mujer, en el momento que se
lanza a devorar a su víctima. El propio Martí dibuja al pie
de uno de sus poemas en Ismaelillo la figura de la esfinge, esta vez con pechos
y sin alas. En la cultura decadentista y simbolista de fin de siglo la esfinge
era una forma de representar lo que Mario Praz llamó “la belle
femme sans mercy” (la bella mujer sin piedad) a un mismo tiempo bella
y distante, fría y sensual. Esta representación de la “mujer
fatal” fue una de las formas en que reaccionó la elite letrada
y artística, (casi todos hombres) a lo que percibían como una
amenaza, que representaban las continuas demandas de la mujer por reformar
su estatus quo. El artista finisecular tendía a preferir la mujer tradicional
a la “la mujer nueva”. Esta mujer iba a la escuela, trabajaba
en las factorías, pedía el derecho al voto, incluso se arriesgaba
a fumar en lugares públicos, algo que los periódicos criticaban
con enfado.
Representaciones
de la femme fatale abundan en la poesía y la pintura modernista, en
Rubén Darío, Julián del Casal y por supuesto en José
Martí. No obstante, la crítica en Cuba ha soslayado este aspecto
de la obra de héroe y ha favorecido en su lugar la imagen “idealizada”
de la mujer que da Martí en algunos lugares de su obra. En tales momentos
la mujer es la “levadura” y la “miel” de las revoluciones,
la inseparable compañera del héroe en la guerra, y quien debe
mantener las firmes virtudes del hogar durante la pobreza y el destierro.
La imagen de la esfinge frente a frente a Martí resulta cuestionar
no solo el olvidado papel que tiene la mujer en la obra del apóstol
(un análisis que vaya más allá de lo puramente político)
mientras resulta ser un cuestionamiento de la misma figura del héroe
ante los discursos que intentan definirlo. Su perfil y su cuerpo relajado,
demasiado suave ante las exigencias de la guerra, ponen en duda su representación,
su valor de icono transparente en la sociedad cubana. El cuerpo deja de aparecer
de forma sufriente, combativa y en su lugar hay una representación
casi hedonista del héroe. Su cuerpo es el verdadero protagonista y
su indefinición su verdadera imagen, de ahí que el cuadro haya
quedado sin título como otra forma de interrogar al espectador y a
los sujetos representados.
Conjuntamente con
el cuadro de Aimé hay otros dos que cuestionan la relación de
Martí y la mujer, curiosamente todos hechos por mujeres. Uno es de
Elsa Mora y el otro de Sandra Antonia Riera. Este último parece el
más interesante de los tres. La referencia a Martí en el cuadro
es indirecta ya que en la pintura sólo aparece una mujer muy bella
que mira al artista seriamente. La referencia a Martí está en
el título que es un verso
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©1998 Hilda Luisa Díaz-Perera